José Cortazar Navarrete- Mérida, Yuc 21 de abril- El llamado de las autoridades estatales en esta contingencia sanitaria-económica a proveer de apoyo a jóvenes y grupos vulnerables ante las carencias económicas ha sido poco escuchada y atendida.
Un sector que está cruzando por una situación desesperada son decenas de jóvenes estudiantes que también trabajan para cumplir sus sueños y lograr una profesión que les permita tener una mejor oportunidad de vida, esta siendo vulnerada porque, caseros, arrendadores e instituciones educativas no hacen eco del llamado de las autoridades a condonar mensualidades y rentas hasta terminar el periodo de contingencia.
Las diferentes historias que se entrecruzan destacan las penurias, estrés y ansiedad que viven estudiantes que radican en Mérida, algunos de ellos de otros estados, que están atrapados ante la situación del despido de las empresas y la presión de las instituciones educativas que exigen pagos por exámenes, pre inscripciones y cuotas educativas en una situación crítica por la falta de empatía y solidaridad.
Este medio de comunicación tuvo acceso a tres casos de estudiantes universitarios, dos de ellos provenientes de Quintana Roo, otro más de Yucatán, originario de Tekax, que no están vinculados familiarmente, pero que incidentalmente son presionados para cubrir las mismas condiciones para poder superar su situación económica, qué hasta hace unas semanas, era completamente diferente.
Oswaldo, es tiene 20 años, es originario de Bacalar, Quintana Roo, estudia enfermería en una escuela particular y vive en la zona sur de la ciudad, muy cerca de la calle 42, donde renta una humilde habitación. Vino a Mérida al cumplir los 19 para lograr tener una profesión, enfermero y poder tener una mejor calidad de vida para el y su padres.
Hasta hace tres semanas trabajaba como empleado en un comercio de venta de cerveza, que por la contingencia bajó sus ventas y el propietario lo despidió, sin una liquidación, ni la posibilidad de respaldo para sortear la situación actual.
En este momento, sin sustento, el dueño de la casa donde radica, le exige el pago de la renta mensual, so pena de sacarlo y quedarse con las pocas cosas que ha adquirido en este tiempo.
María Eugenia, es modista desde los 17, estudia una licenciatura en modas en una institución privada. Vino desde Tekax a casa de unos parientes para poder estudiar. Ahora tiene 19, es asistente de belleza en una plaza comercial en el Centro de Mérida.
Maru, como le dicen sus amigas, tuvo que independizarse por situaciones familiares, ahora comparte habitación con una compañera de trabajo, en este caso, ambas se quedaron sin trabajo desde hace casi un mes. Logró algunos pequeños ahorros, pero no lo suficientes para poder cubrir renta y alimentos por tantos días.
En su trabajo, destaca por ser hacendosa y dedicada, en la escuela tiene buenas notas, pero ahora le exigen pagos y cuotas que no puede cubrir y la presionan incluso al teléfono diariamente para que pague y si desea continuar estudiando y completar su carrera profesional.
En un caso muy similar está Adrián, estudiante de arquitectura que tuvo que suspender por falta de recursos desde hace un semestre. Ya cumplió 24 años, es originario de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, desde hace un año rentó una habitación en la zona del parque del Centenario donde paga mil 200 pesos mensuales.
Inició actividades en un despacho de arquitectos hace seis meses, que lo contrató con el programa federal de “Jóvenes Construyendo el Futuro”. Al iniciar la contingencia, el despacho lo cesó sin ninguna compensación y desde hace tres semanas subsiste con mínimos recursos, pero debe la renta y le exigen el pago total.
En forma coincidente, las historias se entrecruzan para conocer los muchos problemas que está ocasionando esta contingencia sanitaria, que se ha convertido también en económica, que obligó a cierre de empresas y a una serie de medidas, que dejan al descubierto historias dramáticas y críticas de grupos vulnerables, como los jóvenes, que no disponen de las herramientas y oportunidades para salir adelante.
En tanto, deja entrever la falta de solidaridad y empatía de empresas y caseros para genera una oportunidad de vida para personas que se han desempeñado de manera honesta y responsable y que, hasta hace algunas semanas las cosas suponían un horizonte diferente.
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