Esa estimación viene del primer estudio gubernamental detallado sobre las vidas que se han perdido por el virus. Las autoridades afirman que la investigación pronto será publicada.
La cifra de exceso de mortalidad, que incluye fallecimientos relacionados directa e indirectamente con la pandemia, es considerada el indicador más completo del daño realizado por el nuevo coronavirus. El incremento en la cantidad de muertes esta primavera fue similar a los aumentos en centros urbanos como Londres o Nueva York, dijeron los expertos.
“Ciertamente está a la par con lo que hemos visto en las zonas más afectadas de Estados Unidos”, afirmó Daniel Weinberger, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Yale, quien ha estudiado el exceso de mortalidad durante la pandemia.
López-Gatell, quien lidera la respuesta de México al coronavirus, le dijo a The Washington Post que el estudio utiliza como referencia el promedio de muertes ocurridas de marzo a mayo en años recientes. “¿Cuántas personas han fallecido en la actualidad? Esta estadística, la cual todavía estamos afinando, señala un incremento casi del triple”, dijo.
El número exacto de fallecidos todavía no está disponible. El estudio más completo publicado hasta la fecha, un análisis de la revista Nexos, reveló que 27,394 personas murieron en Ciudad de México desde finales de marzo hasta finales de mayo. Eso es más del doble de lo usual. El gobierno solo reportó cerca de 4,000 muertes por coronavirus durante ese periodo en la capital, el epicentro de la epidemia en México.
López-Gatell afirmó que los datos de exceso de mortalidad incluyeron a personas con problemas como ataques cardíacos que no pudieron recibir buen tratamiento porque los hospitales estaban saturados de pacientes con coronavirus, aunque “es probable que la mayoría sean de COVID-19”. Se incluyeron casos que fueron diagnosticados y también los que no.
El número de muertos se ha convertido en un polémico asunto político en México. Los críticos afirman que el gobierno ha escondido la cifra real. Las autoridades niegan eso. Al igual que muchos países —y estados de Estados Unidos— México solo cuenta oficialmente las muertes de COVID-19 que son confirmadas con pruebas de laboratorio.
Aun así, el bajo conteo parece inusualmente elevado. Los hospitales tienen la obligación de aplicarle la prueba de diagnóstico a los pacientes con síntomas graves, pero López-Gatell afirmó que algunos de ellos carecían del personal suficiente para hacerlo de manera rápida. Además, muchas personas al parecer fallecieron en sus casas o poco después de llegar a los hospitales, sin poder recibir la prueba.
Oficialmente, 28,510 personas en México han fallecido por COVID-19. El 1 de julio, el país superó a España para obtener el sexto lugar a nivel mundial, de acuerdo con datos recopilados por la Universidad Johns Hopkins. Ciudad de México ha reportado 6,642 muertes.
La primera oleada de infección del país está lejos de terminar, aunque las autoridades afirman que el incremento de casos está bajando de velocidad.
López-Gatell afirmó que las estimaciones del exceso de mortalidad fueron considerables incluso en comparación con las epidemias de gripe más virulentas en México. “Por supuesto, son altas o extremadamente altas en comparación con lo que queríamos», dijo.
‘No logramos contener la pandemia’
Las autoridades mexicanas le han atribuido el número de muertos a varios factores. Muchas víctimas del coronavirus han pospuesto ir al hospital hasta estar gravemente enfermos. México tiene niveles extraordinarios de hipertensión, diabetes y obesidad, el tipo de enfermedades crónicas vinculadas a cerca de 80% de las muertes por coronavirus del país.
“La relativa contribución de estas condiciones a la letalidad de la epidemia es desastrosa”, afirmó López-Gatell. Responsabiliza a la creciente popularidad de la comida chatarra y las bebidas azucaradas.
Las autoridades han luchado contra serias limitaciones, incluyendo un sistema de salud con problemas crónicos de escasez de recursos y personal, y una fuerza de trabajo concentrada de manera considerable en el sector informal: trabajadores de construcciones, vendedores ambulantes y otros que dependen de ingresos diarios para sobrevivir.
Una cuarentena estricta como la de España habría sido imposible de implantar, afirmó López-Gatell. En el país europeo, las autoridades amenazaron a los infractores con multas de hasta 1,000 dólares, y redujeron la movilidad del transporte público y en las tiendas en alrededor de 80%. En México, un país con una profunda desigualdad y recuerdos vívidos de gobiernos autoritarios, una cuarentena de este tipo “habría sido tan perjudicial a nivel económico y social que habría terminado en una confrontación social interna”.
México cerró las escuelas y las oficinas gubernamentales, pero su cuarentena de 70 días dependió en gran medida de la persuasión. El país alcanzó una reducción de movilidad de alrededor de 60% a nivel nacional, afirmaron las autoridades.
Los críticos afirman que la respuesta fue tardía e insuficiente. “Tenemos una alta tasa de mortalidad porque no logramos contener la pandemia”, afirmó Francisco Moreno, un especialista de enfermedades infecciosas en el prestigioso Hospital ABC de la capital.
Las autoridades mexicanas decidieron realizar una aplicación limitada de pruebas, dada la falta de laboratorios y de personal para realizar el rastreo de contactos. “La vigilancia epidemiológica que realizaron no fue suficiente”, dijo Miguel Betancourt, presidente de la Sociedad Mexicana de Salud Pública. “No tuvieron la sensibilidad para detectar correctamente el fenómeno”.
Las autoridades mexicanas alegan lo contrario. Afirman que frenaron la velocidad de la pandemia a casi la mitad en comparación con países como Italia y España, ganando algo de tiempo para que los hospitales no se saturaran. Pero en vez de un brote rápido y explosivo, han terminado con uno más extenso y lento.
Si hay algo en lo que todas las partes están de acuerdo, es que el mensaje oficial sobre la salud pública no tuvo claridad. Al principio, el presidente Andrés Manuel López Obrador ignoró las recomendaciones sobre el distanciamiento social, y ha estado ansioso por reactivar el país, que parece hundirse en una recesión profunda. López-Gatell ha advertido en repetidas ocasiones sobre los peligros del virus. Sin embargo, reconoce que las comunicaciones de salud pública del gobierno no han logrado convencer a muchos mexicanos.
La profunda polarización política del país ha complicado aun más la situación. Samuel Ponce de León, un especialista de enfermedades infecciosas de la Universidad Nacional Autónoma de México, afirmó que los críticos del presidente se han burlado tanto de la estrategia de López-Gatell que la población está confundida: “Los ciudadanos no saben qué acciones tomar”.
Algunos dicen que la culpa es del zar del coronavirus. Las primeras predicciones optimistas de López-Gatell sobre contener la pandemia —y la falta de información sobre su magnitud— levantaron sospechas en un país donde los gobiernos históricamente suelen amañar las cifras de desastres.
Weinberger afirmó que en la mayoría de los países es extremadamente difícil aplicar un rastreo de contactos generalizado en el apogeo de una pandemia. Pero tener estadísticas actualizadas sobre los fallecidos, dijo, es otro asunto: “Es muy importante que la población tenga una imagen precisa de lo que está sucediendo y de su gravedad, mientras sopesan las diferentes medidas sobre cierres y algunas restricciones sobre libertades”.
El creciente número de muertos a nivel mundial
Por lo general, a la lenta burocracia de México le toma un año o más para producir datos completos sobre la mortalidad en el país. Pero luego de que los medios nacionales e internacionales comenzaran a hacer preguntas sobre los fallecidos del coronavirus, la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, impulsó una iniciativa para determinar el exceso de mortalidad en la capital.
El comité, que incluye autoridades federales de la Secretaría de Salud, planea desglosar las cifras de manera más detallada para determinar cuántas muertes fueron causadas por el COVID-19, afirmó López-Gatell. Otro equipo está dedicado al resto del país.
Un nuevo estudio, realizado por tres académicos de la Escuela de Administración y Dirección de Empresas Sloan del MIT, estima que la cantidad total de muertes por COVID-19 en 84 países es de aproximadamente 600,000, un número muy superior al de las cifras oficiales.
Y eso es hasta mediados de junio. De acuerdo con los investigadores, si para la próxima primavera seguimos sin vacuna ni tratamiento, el número de muertos podría llegar a los 1.75 millones.
Fuente: Washington Post
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