Tras la detención de Rafael Caro Quintero, el sacerdote de Choix aseguró que tras el contacto con narcotraficantes, tuvo «la oportunidad de compartir con ellos y de ser invitado a la mesa, donde se comparten las cosas más íntimas»

Como tantas otras comunidades en la zona serrana de Choix, San Simón está tomada por el crimen organizado, no por nada está dentro del Triángulo Dorado y quizá también por eso Rafael Caro Quintero se sentía seguro escondido ahí. Como si no fuera suficiente el camino prácticamente inaccesible, el narco convirtió estas rancherías de Sinaloa en pueblos fantasma, desplazando a cientos, según cuentan pobladores de localidades vecinas.
Y es que para llegar por tierra a San Simón, por ejemplo, donde la Marina detuvo al “narco de narcos”, por momentos ya ni siquiera hay camino de terracería y menos por estos días que las lluvias han incrementado el caudal del río.
En estas comunidades en Choix apenas perciben a alguien extraño a la población, jóvenes en motocicletas comienzan a salir y dar vueltas. El halconeo domina. Para Óscar Ramírez, sacerdote en Choix, Bacayopa es la comunidad serranas más “pesada” que le ha tocado visitar de las rancherías a su cargo en el par de años que tiene llevando “la palabra de Dios”. Bacayopa es la comunidad vecina a San Simón y, por cierto, el último punto que el mapa te ofrece una ruta para llegar, después es, si acaso, en motocicleta o a pie. De acuerdo con el religioso, en estas comunidades serranas de Choix, “desde los niños hasta los más adultos”, es normal portar un arma. “Es lo más común porque ahí han crecido y así se ha desarrollado”, explicó. El sacerdote relató que el contacto con el crimen organizado es parte de lo que se vive a diario en esta región serrana de Sinaloa. “Nadie es ajeno a esta realidad”, exclamó.
Aunque recordó que la primera vez que fue parado en un retén de personas con cuernos de chivo en la mano, “temblé de miedo”. “’Esa ocasión me pregunté: ‘¿En dónde estoy?’ El temor se apodera de uno”, evocó. “Al final terminas de darte cuenta que detrás de una capucha, detrás un chaleco, detrás de un arma, hay personas que realmente tienen corazón”, abundó. El padre Óscar aseguró que en estas comunidades serranas dominadas por el narco “se siente respetado” y no ha sufrido ninguna falta de respeto, “hasta el momento, gracias a Dios”.
Incluso, el sacerdote de la Diócesis de Culiacán contó que en una ocasión, los narcos de esa zona serrana donde fue detenido Caro Quintero lo invitaron a desayunar.
“Tuve la oportunidad de compartir con ellos y de ser invitado a la mesa. En la mesa se comparten las cosas más íntimas”, aseveró el religioso. “Llegamos a aquel lugar, escondido y retirado, con seguridad, es sorprendente la seguridad, llegar y sentarte a la mesa y escuchar: ‘¡aquí sin armas!’. El ver cómo se despojaban de sus armaduras y el quitarse esas máscaras, quitarse todos artefactos, para mí ese momento fue decir: ‘¡sí de posible hacer una diferencia!’”, evocó el padre Óscar. El diocesano en Choix también narró que durante su experiencia, padres de familia le han pedido que hable con sus hijos para que no formen parte del crimen organizado.
Fuente: MILENIO.
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