Un avance en inmunoterapia, probado en ratones, abre la puerta a tratamientos universales contra el cáncer sin cirugía, quimioterapia ni radiación. Los ensayos en humanos podrían estar cerca.
Un equipo de científicos de la Universidad de Florida ha desarrollado una vacuna experimental de ARNm que, combinada con inmunoterapia, potencia la capacidad del sistema inmunológico para combatir el cáncer sin necesidad de dirigirse a proteínas tumorales específicas. Los resultados, publicados en la prestigiosa revista Nature Biomedical Engineering, muestran una respuesta antitumoral significativamente más efectiva en modelos animales, incluso en cánceres resistentes a tratamientos convencionales.
El hallazgo, liderado por el oncólogo Elias Sayour, representa un cambio de paradigma en la lucha contra el cáncer. A diferencia de las estrategias actuales —que requieren vacunas personalizadas o identificar blancos comunes en distintos tumores—, esta nueva aproximación activa las defensas del organismo de manera general, como si estuviera combatiendo una infección viral. El efecto: los tumores se vuelven más vulnerables al ataque inmunológico, expresando mayores niveles de la proteína PD-L1, que funciona como una «señal de alerta» para las células defensivas.
¿Cómo funciona esta vacuna innovadora?
La clave del método radica en su mecanismo no específico. En lugar de enseñar al sistema inmunológico a reconocer antígenos tumorales (como hacen las vacunas personalizadas), la vacuna de ARNm despierta células T inactivas y las reprograma para que identifiquen y destruyan células cancerosas. Este enfoque, probado en ratones con melanoma, cáncer de hueso y glioblastoma, logró en algunos casos la desaparición total de los tumores, incluso cuando se administró sin inmunoterapia adicional.
«No necesitamos personalizar la vacuna para cada paciente o tipo de cáncer. Basta con que el ARNm active el sistema inmunológico con suficiente fuerza», explicó Sayour, quien lleva más de ocho años investigando el uso de nanopartículas lipídicas (la misma tecnología empleada en las vacunas contra el COVID-19) para tratar tumores. En 2023, su equipo ya había obtenido resultados prometedores en humanos con una vacuna personalizada contra el glioblastoma, uno de los cánceres cerebrales más agresivos.
Un tercer camino en la inmunoterapia contra el cáncer
Hasta ahora, las estrategias de inmunoterapia se dividían en dos:
- Vacunas personalizadas: Diseñadas a partir de las mutaciones específicas de cada tumor (costosas y lentas de producir).
- Terapias con blancos comunes: Dirigidas a proteínas presentes en varios tipos de cáncer (limitadas por la heterogeneidad de los tumores).
Este nuevo estudio propone una tercera vía: activar el sistema inmunológico de forma genérica para que sea el propio organismo quien identifique y elimine las células malignas. «Estimular la respuesta inmune sin un objetivo predeterminado puede generar una reacción anticancerígena igualmente potente», señaló Duane Mitchell, coautor de la investigación. Esto simplificaría la producción de vacunas, haciendo posible un tratamiento universal aplicable a múltiples pacientes sin ajustes individuales.
Resultados prometedores y próximos pasos
En los experimentos con ratones, la vacuna demostró eficacia en:
- Melanoma: Al combinarla con inhibidores de punto de control (un tipo de inmunoterapia), logró frenar tumores que normalmente resisten el tratamiento.
- Cáncer de piel, hueso y cerebro: Administrada sin inmunoterapia, redujo o eliminó por completo los tumores en algunos casos.
El siguiente objetivo es optimizar la fórmula y avanzar hacia ensayos clínicos en humanos. «La idea de una vacuna universal contra el cáncer ya no es ciencia ficción», afirmó Mitchell. Si los resultados se replican en personas, este enfoque podría revolucionar el tratamiento oncológico, ofreciendo una alternativa menos invasiva, más accesible y potencialmente efectiva para una amplia gama de cánceres.
Mientras la comunidad científica espera con expectación los próximos avances, este estudio refuerza el potencial del ARNm —la misma tecnología que salvó millones de vidas durante la pandemia— para transformar también la batalla contra el cáncer.
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