Los ingresos tributarios crecen gracias al ISR y el IVA, pero la caída en la producción petrolera deja un hueco de $215,000 millones. Mientras, el gobierno recorta el gasto en un 3.8% y subejercita $300,000 millones, priorizando el pago de deuda.

Los ingresos públicos crecen, pero no alcanzan las metas
Entre enero y julio de 2025, el sector público mexicano recaudó 4.76 billones de pesos, un avance del 3.3% respecto al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, la cifra quedó $93,114 millones por debajo de lo estimado en la Ley de Ingresos de la Federación (LIF), según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). El principal responsable: el derrumbe de los ingresos petroleros, que cayeron 16.3% anual y dejaron un faltante de $215,683 millones frente a lo proyectado.
El problema no es el precio del crudo —que se mantuvo alto—, sino la reducción en la producción y exportación de petróleo. Mientras México extrae menos barriles, la dependencia de estos ingresos expone las finanzas públicas a volatilidad, pese a los esfuerzos por diversificar las fuentes de recaudación.
Impuestos salvan las cuentas, pero no compensan el déficit petrolero
El único respiro para las arcas nacionales llegó del sistema tributario, que registró un récord de 3.28 billones de pesos en el periodo, un 7.2% más que en 2023. Dos impuestos fueron clave:
- Impuesto sobre la Renta (ISR): Crece 7.1% real anual y supera la meta en $48,000 millones, impulsado por mayores salarios y empleo formal.
- Impuesto al Valor Agregado (IVA): Aumenta 8.3% y aporta $54,000 millones extra, gracias a un consumo interno resistente y un tipo de cambio favorable.
Pese a este desempeño, los ingresos adicionales por impuestos ($88,165 millones) no lograron cubrir el hueco dejado por el petróleo. «La recaudación tributaria mitiga, pero no resuelve, la dependencia de los hidrocarburos», advierten analistas.
Gasto público en caída libre: recortes del 3.8% y subejercicio récord
En línea con la política de austeridad fiscal, el gobierno federal gastó 5.34 billones de pesos en los primeros siete meses del año, un 3.8% menos que en 2023. Pero el dato más preocupante es el subejercicio: se dejaron de ejercer $300,729 millones del presupuesto aprobado, equivalente a 5.6% del total.
¿Dónde se recortó?
- Gasto programable (educación, salud, infraestructura): Cayó 7.8% anual y quedó $284,091 millones por debajo de lo planeado. Sectores como ciencia, tecnología y desarrollo social fueron los más afectados.
- Gasto no programable (pensiones, participaciones a estados): Subió 3%, pero solo superó la meta en $7,749 millones, un margen mínimo.
El único rubro que no se tocó fue el servicio de la deuda: el gobierno destinó $768,402 millones a pagar intereses, un 11.4% más que en 2023. Aunque este gasto crece, quedó $24,387 millones por debajo de lo presupuestado, lo que sugiere un ajuste en los plazos de pago o menores costos financieros de los esperados.
¿Qué sigue? Riesgos y señales de alerta
La caída en la producción petrolera —que en 2025 promedia 1.6 millones de barriles diarios, su nivel más bajo en décadas— amenaza con profundizar el déficit. Mientras, la recaudación tributaria, aunque sólida, depende de un mercado laboral estable y un consumo interno dinámico, factores vulnerables ante una posible desaceleración económica
En el frente del gasto, la priorización del pago de deuda sobre inversión social podría limitar el crecimiento a mediano plazo. «México necesita urgentemente reducir su dependencia del petróleo y mejorar la eficiencia del gasto, o enfrentará presiones fiscales insostenibles», señala un reporte del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).
Con la Ley de Ingresos 2025 en discusión, el desafío será equilibrar austeridad con estímulos al crecimiento, en un año electoral donde las finanzas públicas estarán bajo mayor escrutinio.
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