La investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Rebelín Echeverría Echeverría, expone cómo la violencia de género en el estado va mucho más allá de las agresiones directas. Se sostiene sobre una base cultural conservadora que prioriza el silencio, la apariencia y el miedo al estigma social.

Para entender la complejidad de este fenómeno en la sociedad yucateca, la académica de la Facultad de Psicología detalla que la violencia es estructural y se alimenta del individualismo, el machismo y la falta de redes de apoyo.
El peso del «qué dirán» y el acoso digital
El conservadurismo en la región ha normalizado la idea de que los problemas no se deben visibilizar.
- El pacto de silencio: Existe una fuerte tendencia a «mejor no hablar» por miedo a represalias, a la inacción de las autoridades o al juicio de la comunidad.
- Aislamiento: Este temor fomenta la impunidad y aísla a las víctimas, quienes terminan enfrentando la violencia en soledad.
- Violencia en redes: Esta dinámica se traslada al entorno digital. En grupos de Facebook de comunidades pequeñas, la información se utiliza frecuentemente para acosar, estigmatizar y dañar la imagen de las mujeres bajo justificaciones «morales», en lugar de buscar soluciones de convivencia.
Interseccionalidad: Factores que agravan la vulnerabilidad
La violencia no impacta a todas las mujeres por igual. La investigadora subraya la importancia de la interseccionalidad, una perspectiva que analiza cómo se cruzan distintas características (ser indígena, blanca, habitante rural o urbana) al momento de sufrir agresiones.
| Entorno | Similitudes en la Violencia | Diferencias y Retos de Acceso |
| Urbano (Capital) | Machismo, sobrevaloración masculina e invisibilización de la mujer. | Cuentan con mayores posibilidades logísticas para acceder a centros de justicia e instituciones de apoyo. |
| Rural (Municipios) | Machismo, sobrevaloración masculina e invisibilización de la mujer. | Prejuicios y estereotipos culturales más arraigados; la presión social para guardar silencio es mucho más fuerte. |
Fallas institucionales y el origen en el hogar
El análisis de la UADY también identifica barreras burocráticas y problemas desde el núcleo familiar que perpetúan la crisis:
- Fragmentación gubernamental: Las instituciones de apoyo están demasiado divididas (hay dependencias exclusivas para mujeres, otras para indígenas, otras para personas con discapacidad). Esta falta de integralidad obliga a las víctimas, cuyas identidades se cruzan, a ir de una instancia a otra iniciando múltiples procesos desgastantes.
- Violencia desde casa: El acoso en espacios públicos y escuelas (como el bullying) es un reflejo de las dinámicas en los hogares. La especialista destaca la negligencia y la ausencia paterna como formas primarias de violencia que marcan a las nuevas generaciones.
- Ruptura del tejido social: El individualismo actual ha roto los lazos vecinales. Sin redes de apoyo o una comunidad sólida, es sumamente difícil que una persona encuentre el respaldo necesario para atreverse a denunciar.
Información tomada del DIARIO DE YUCATÁN.
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