
Las consecuencias de la guerra son inevitables. La inflación resucita conforme caen los misiles sobre Teherán y el fantasma de una nueva crisis de precios aviva el temor de los bancos centrales. El índice de precios al consumo (IPC) escaló en marzo hasta el 3,3% en Estados Unidos, el mayor nivel desde abril de 2024, en plena desescalada tras la crisis de precios desatada tras la invasión rusa de Ucrania, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, en sus siglas en inglés, encargada de recopilar estos datos).
“El IPC mensual aumentó un 0,9% en términos desestacionalizados en marzo, tras aumentar un 0,3% en febrero”, remarca el organismo a través de una nota. Se trata de la mayor subida mensual en cuatro años. Desde mayo de 2022 los precios no escalaban con tanta fuerza en un mes.

Los precios subieron sobre todo en las tarifas aéreas, ropa, muebles y operaciones del hogar, educación y vehículos nuevos. Los precios de la atención médica, el cuidado personal y los automóviles y camiones usados se abarataron durante el pasado marzo.
La escalada de precios se alimentó del encarecimiento de la energía. “El índice de energía aumentó un 10,9% en marzo, el mayor incremento mensual del índice desde septiembre de 2005. El índice de la gasolina aumentó un 21,2% durante el mes, el mayor aumento mensual desde que se inició la serie en 1967″, subraya la oficina estadística. El aumento del precio de la gasolina representó casi tres cuartas partes del alza mensual de todos los artículos. Los precios del gasóleo o diésel se encarecieron un 30,7% durante el mes, el mayor incremento mensual desde febrero de 2000.
Casi cuatro años después del ataque ruso, otra guerra ocupa los titulares. El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero ha desencadenado otra crisis energética sin precedentes. La reacción de Teherán ha sido cerrar el estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. Los precios del crudo se han disparado durante estas semanas. El petróleo brent, de referencia en Europa, llegó a cotizar en el entorno de los 120 dólares el barril, casi un 70% más que al inicio del conflicto.
Por esa vía marítima también transita una parte importante del gas natural que consume el planeta y otros productos químicos esenciales para la industria farmacéutica y fertilizantes, críticos para el sector agroalimentario. La consecuencia más visible de ello es el encarecimiento de los combustibles. En Estados Unidos, el galón de gasolina está por encima de los cuatro dólares; mientras el diésel cotiza en torno a 5,5 dólares y ya marca récord histórico en una docena de estados del país.
“El índice de vivienda también aumentó en marzo, con un aumento del 0,3%. El índice de alimentos se mantuvo sin cambios durante el mes, mientras que el índice de alimentos fuera del hogar aumentó un 0,2% y el índice de alimentos en el hogar cayó un 0,2%”, apunta la oficina estadística.
La inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles de la cesta de la compra, como los alimentos y la energía, aumentó un 0,2% en marzo. Este indicador, cuya evolución es más moderada, es el que alimenta la dudas de los responsables de la política monetaria, que deben estar a la expectativa para ver si se produce un contagio de la inflación a otros productos de la cesta de la compra más allá de los combustibles.
La renovada tensión sobre los precios pone en apuros a la Reserva Federal de Estados Unidos, que buscaba argumentos para ahondar en su política de rebajas de tipos, como reclama el presidente, Donald Trump. Ahora, con una inflación al alza, los objetivos de reducir el coste de endeudamiento al menos una vez más este año se complican. Los expertos consideran que todo dependerá del tiempo que se prolongue el conflicto en Oriente Próximo y si el tráfico de petróleo por el estrecho de Ormuz permanece cerrado. En cualquier caso, empiezan a arreciar las voces que sostienen que en lugar de una rebaja de tipos, la Fed debería plantearse subidas para contener la inflación.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, aseguró este jueves que los bancos centrales deben estar preparados para aumentar el precio del dinero si la inflación sigue creciendo.
Los analistas, sin embargo, se lo toman con más calma. Los operadores siguen apostando por un recorte de tasas este año. “El IPC subyacente se mantuvo estable y alcanzó su nivel más alto desde diciembre y aleja movimientos alcistas de la Reserva Federal”, dice Bret Kenwell, analista de Mercados de eToro en EE UU.
“Recientemente ha habido peticiones para subir los tipos de interés y contrarrestar la inflación de materias primas que estamos viendo”, explica Damian McIntyre, analista de Federated Hermes. “Eso parece inapropiado, dado que esta inflación no proviene de un exceso de demanda que la Fed podría frenar con una subida de tipos”, argumenta.
“Incluso si se alcanza un acuerdo duradero para poner fin a la guerra y se reabre completamente el estrecho de Ormuz, se necesitarían meses para que el suministro de petróleo, gasolina, diésel y otras materias primas volviera a los niveles anteriores a la guerra y, por lo tanto, para que los precios se estabilizaran en los niveles previos al conflicto”, asegura a Bloomberg Kathy Bostjancic, economista jefe de Nationwide.
Fuente: El pais
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