
Columna: “Construyendo”
La energía que construye prosperidad
Por: Raúl Asís Monforte González
Esta semana tuve la oportunidad de participar en Silao, Guanajuato, en el encuentro cumbre “Industria Inteligente y Sostenible”, convocado por PAGSID, la Federación de Industrias Alemanas (BDI), la Fundación Konrad Adenauer y Guanajuato Puerto Interior, con la participación de empresas y organismos públicos y privados. Ahí se habló de digitalización, inteligencia artificial, responsabilidad social, certeza jurídica y muchos de los factores que hoy determinan la competitividad de una región. Pero hubo una coincidencia particularmente contundente, detrás de prácticamente todos ellos existe una condición indispensable: La energía.
No cualquier energía. Energía disponible, confiable, segura, de calidad y cada vez más limpia. Una fábrica puede tener la tecnología más avanzada, robots, inteligencia artificial y trabajadores extraordinariamente capacitados. Pero si no tiene electricidad suficiente y confiable, sencillamente no puede competir.
Y mientras escuchaba estas reflexiones, no podía dejar de pensar en Mérida, la ciudad donde yo resido. Esta semana, prácticamente todos los días hemos vivido apagones, desde interrupciones focalizadas hasta un evento masivo que afectó a varios estados de la península de Yucatán. Son episodios que deberían obligarnos a mirar más allá de la molestia inmediata de quedarse sin luz. Porque un apagón no solamente apaga focos. También puede apagar producción, detener procesos industriales, afectar servicios, alterar cadenas de suministro y restar confianza a quienes están pensando dónde invertir.

Y aquí aparece una lección que escuché hoy de manera particularmente interesante de los representantes alemanes que fueron panelistas en el evento. Alemania fue pionera en la incorporación acelerada de energías renovables y consiguió convertirse en uno de los grandes referentes mundiales de la transición energética. Pero hoy reconoce también errores importantes de aquella experiencia. Uno de ellos fue avanzar con enorme velocidad en la generación renovable sin fortalecer simultáneamente, con la misma determinación, las redes de transmisión y distribución necesarias para llevar esa energía hasta donde se necesitaba.
Otro fue no anticiparse suficientemente al crecimiento de la demanda y a las necesidades futuras de infraestructura. La lección es clara: la planeación no puede ir detrás de la realidad. Y claro, también hubo circunstancias geopolíticas desafortunadas y difíciles de prever. La guerra entre Rusia y Ucrania coincidió con una decisión que Alemania había tomado años antes: cerrar sus centrales nucleares, decisión fuertemente influida por el impacto mundial del accidente de Fukushima.
Pero quizá la enseñanza más importante no está en cuestionar la transición hacia las energías limpias. Los propios alemanes siguen convencidos de que ese camino es correcto. La lección está en comprender que transitar hacia nuevas fuentes de generación sin construir simultáneamente la infraestructura que les dé respaldo, flexibilidad y confiabilidad es una estrategia incompleta.
México tiene hoy una oportunidad extraordinaria. Podemos aprender de experiencias ajenas antes de pagar el costo de repetirlas. Necesitamos más generación limpia, sí. Pero también más transmisión, redes de distribución modernas, almacenamiento, gestión inteligente de la demanda, mantenimiento, planeación de largo plazo y capacidad para anticiparnos al crecimiento.
La prosperidad no se construye reaccionando cada vez que ocurre un apagón. Se construye anticipándolo.
En esta era de impresionantes avances tecnológicos, la energía ya no es solamente un servicio público más, es la infraestructura sobre la que se construye la competitividad de un país y la prosperidad de sus habitantes.
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