Yucatan

La Cosmogonía Maya, mural de Fernando Castro Pacheco, celebra medio siglo de historia 

José Cortazar Navarrete- Mérida, Yuc. 15 de sept.- La historia del muralismo en Yucatán inicia hace siete décadas con los primeros trabajos del pintor yucateco Fernando Castro Pacheco (Mérida, Yuc., 1918-2013) quien plasmó sus obras en el Palacio de Gobierno y hoy, se cumplen 50 años de la inauguración de los primeros tres murales bautizados como “La Cosmogonía Maya”

Ángel Gutiérrez Romero, historiador e investigador destacó que, las primeras obras, de las 25 que alberga el Palacio de Gobierno, se inauguraron el 15 de septiembre de 1971, por encargo del entonces gobernador Carlos Loret de Mola Mediz.

La Cosmogonía Maya, son tres grandes pinturas que se encuentran ubicadas en las paredes de acceso a la segunda planta del edificio, sobre las escalinatas, que dan una muestra de la genialidad del artista plástico más emblemático del estado, quien arraigó sus obras siguiendo la corriente del muralismo, que desarrollaron David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco.

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Gutiérrez Romero destacó que, estas primeras tres pinturas  de Castro Pacheco se integran a un conjunto pictórico que se completó en 1978 y que viste las paredes del edificio gubernamental y que gran salón de actos, que hoy conocemos como El Salón de la Historia”.

Indicó que, las primeras obras que Castro Pacheco realizó para el palacio datan de 1970. Se trata de los retratos al óleo de Benito Juárez, Manuel Cepeda Peraza, Felipe Carrillo Puerto y Salvador Alvarado, respectivamente, elaborados por encargo del entonces gobernador del Loret de Mola.

Destacó que, el propósito del gobernador era ir conformando una “galería de arte moderno” en la sede del Ejecutivo Estatal para el disfrute de los ciudadanos. Paulatinamente, la serie de efigies se incrementó, hasta conformar la colección que actualmente se resguarda en el Salón de los Retratos.

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El investigador y curador enfatizó que, se desconoce el monto que cobró el autor por estos murales, porque no hay registro del pago realizado por la autoridad estatal al pintor. Sin embargo, el artista en alguna ocasión señaló que, “el pago que recibía del gobierno, era dinero de bolsillo”, estableciendo que no era muy alto el monto acordado.

Agregó que, estas tres obras se realizaron en el taller del maestro Castro Pacheco en la ciudad de México, donde el residía  en un despacho instalado en Coyoacán. Una parte significativa de estas tres pinturas es que fueron realizadas sobre láminas galvanizadas, con baños de ácido para poder mantener su preservación, debido a la humedad y la salinidad de las paredes de los edificios antiguos en Mérida.

Enfatizó que, la técnica aplicada por el maestro Castro Pacheco fue no solo novedosa, sino de una gran calidad, ya que, a la fecha las obras se mantienen casi intactas.

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Visionario y receptivo Castro Pacheco estudió de manera detallada aspectos fundamentales de la cultura maya para trazar estas obras que son icónicas y matizan la gran dimensión, saber y conocimiento de la nuestra cultura ancestral.

Detalló que, la realización de los primeros tres murales requirió  de un amplio estudio previo por parte de su autor para solucionar tanto la propuesta temática y compositiva, como las dificultades técnicas y de conservación de la obra, teniendo en cuenta las condiciones climáticas de la región.

En este sentido, los murales de la Cosmogonía, al igual que todos los otros del palacio, no están pintados sobre el muro, sino sobre un soporte de láminas metálicas aparejadas para recibir los pigmentos. Por ello los murales de Castro Pacheco han sido denominados como “murales transportables” y son el resultado de una solución técnica original e innovadora en el tema, reflejo de la vitalidad y el sentido de experimentación del maestro, advirtió el especialista.

La Cosmogonía maya se conforma de tres paneles, cada uno dividido en cinco secciones, con un peso de 8 toneladas y 130 metros cuadrados de superficie pictórica. Un sistema especial de anclaje fija los paneles, puntualizó. Esto permite que, eventualmente, la obra sea desmontada de su sitio ya sea por motivos de resguardo, conservación o traslado a otra sede, recalcó.

Los grandes paneles metálicos sobre los que Castro Pacheco pintó el mural fueron terminados en diciembre de 1970 y trasladados a la escuela “Fray Antonio Margil”. Según el propio Castro Pacheco, inició los trabajos de pintura en marzo de 1971 y en junio había finalizado la obra. Después, vino la titánica tarea de desmontar los paneles, trasladarlos a Mérida y volver a montarlos en los muros del Palacio de Gobierno.

Tras un mes de labores de montaje, el mural de la Cosmogonía maya fue develado la noche del 15 de septiembre de 1971. En la ceremonia, el notable mayista yucateco Alfredo Barrera Vázquez pronunció un discurso sobre el contenido temático del mural y la particular visión de Fernando Castro Pacheco sobre la cosmogonía del pueblo maya, narró el entrevistado.

En los tres paneles del mural se representa la concepción maya del universo, compuesto por cinco puntos cardinales: norte, sur, oriente, poniente y centro. En el panel central del mural se representa el nacimiento del hombre, modelado por los dioses con masa de maíz blanco y maíz amarillo, según se narra en el Popol Vuh, teniendo a ambos lados los corazones de la tierra y el cielo.

En la parte superior, aparece una mano de color blanco y la constelación de la Osa Menor, donde la estrella polar destaca singularmente por la importancia que tuvo para los mayas. En la parte baja se encuentra una mano en color amarillo, asociada con la felicidad, la abundancia y la fertilidad.

En el panel del lado oriente se representan las ciencias y las artes, señalando el aspecto positivo y creador de la humanidad, mientras en el panel del lado poniente, aparece una mano color negro, representación de la guerra, el mundo de la muerte, el hambre y las calamidades. Cada punto cardinal es expresado por un color. El Oriente es rojo; el amarillo es el Sur; el blanco indica el Norte, y el negro, el Poniente, la oscuridad, el lugar donde cae el sol. El Sur y el Norte –el amarillo y el blanco– se integran en el panel central, con el nacimiento del hombre.

Aunque se trata de un tema complejo en sí mismo, la interpretación de Fernando Castro Pacheco no es críptica. Tampoco se trata de una visión arqueologista del pensamiento maya, sino que expresa el sentir estético y las formas personales del pintor sobre un tema que conocía a profundidad, subrayó el historiador.

Castro Pacheco consideraba que la Cosmogonía maya representaba una nueva etapa para el muralismo mexicano, en cuanto a soluciones técnicas, y también una nueva etapa en su trayectoria personal, ya que abordaba por primera vez de manera formal la pintura mural, señaló.

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Gutiérrez Romero manifestó que, “con la Cosmogonía se inicia el conjunto de 25 murales que el maestro realizaría para el Palacio de Gobierno. Por iniciativa del mismo gobernador Loret de Mola, de 1972 a 1974, pinta catorce murales para el salón de actos del palacio, los cuales tendrían como tema diversos personajes y acontecimientos de la historia de Yucatán”.

El primero de ellos recrea uno de los episodios más dramáticos de la historia del pueblo maya yucateco. Se trata de “El suplicio de Jacinto Canek”, en el cual el pintor plasma con maestría la cruenta ejecución del héroe maya, llevada a cabo el 14 de diciembre de 1761 en la plaza principal de Mérida, agregó.

Al mural de Canek siguió “El triunfo de la República”, “La venta de indios”, “La Guerra de Castas”, “Nachi Cocom”, “La conquista”, “El obispo Juan Gómez de Parada”, etc.

Desde 1974, el espacio fue nombrado Salón de la Historia y el conjunto pictórico que resguarda representa lo más logrado de la obra de Fernando Castro Pacheco como muralista. Posteriormente, de 1977 a 1979, realizaría otro conjunto mural destinado al palacio de gobierno de Querétaro,  declaró.

El poeta don Antonio Mediz Bolio calificó a Fernando Castro Pacheco como “el más grande pintor yucateco y el más yucateco de todos los pintores”. Con esto, el autor de La tierra del faisán y del venado, no quería decir que Castro Pacheco fuera un pintor folklorista de Yucatán, concluyó.  

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