
Mérida, Yuc. 10 de sep/William Parra. – Los apagones que se han registrado en la zona peninsular en las últimas semanas son factores sistémicos del monopolio CFE, sostiene el investigador Javier Becerril García, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), quien señaló que la vulnerabilidad de la dependencia está ocasionando este tipo de condiciones que afectan a miles de personas y cientos de empresas.
Bernal García destacó que, corte de energía del pasado 1 de septiembre que ocasionó la falta de suministro eléctrico en estados como Chiapas, Quintana Roo, Campeche y Yucatán afectó a cerca de 745 mil usuarios, solo en la región peninsular, que se quedaron sin energía por espacio de casi 10 horas.
De la misma forma, la afectación empresarial y comercial, según las Cámaras de Comercio y Hotelera, resultó con daños estimados en cerca de 120 millones de pesos, tanto en la pérdida de materiales, suministros, equipamiento, alimentos y bebidas en comercios y negocios de los giros comercial y alimenticio.

Bernal García destacó que, el corte atribuido al vandalismo contra equipos de la paraestatal, dejaron millonarias pérdidas, así como que el daño en dos líneas de 400 kilovoltios (kV), que son siempre vulnerables de manera sistémica, acumulada en la región peninsular, sostiene, profesor.
Recordó que, también en marzo y septiembre de 2025 se presentaron incidentes similares, afectando a miles de personas, empresas, servicios, negocios y comercios de casi todos los sectores económicos: una región con crecimiento económico y demográfico acelerado, altamente dependiente de electricidad y climatización, que durante años operó con insuficiente redundancia energética”, daña la economía y las condiciones de eficiencia laboral, dijo.
“Según CFE, Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) y el Plan de Desarrollo Eléctrico 2025-2039, dice, durante años la inversión en generación, transmisión, distribución y gas natural creció por debajo de la demanda, sobre todo en Mérida, Cancún y los municipios de Solidaridad y Tulum en Quintana Roo, lo que dejó una red saturada, dependiente de importaciones y con poca redundancia energética”, suscribió.
Aseveró que, “la capacidad instalada no es sinónimo de seguridad energética”, al recordar que en agosto pasado la región peninsular tuvo una demanda neta de 2 mil 612 megawatts (MW), con una producción local de apenas mil 939 MW de generación local. Estableciendo que la diferencia, 673 MW, se surte desde otras regiones, lo que representa un 25 por ciento de dependencia.
Esta dependencia no es un promedio anual, sino solo en ese mes, pero revela que la demanda es superior a la oferta, aseveró.
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