Internacional

Cuba tortura presos políticos y a la vez integra el Consejo de Derechos Humanos de la ONU

Luis Robles salió a caminar por el boulevard de La Habana el 2 de diciembre de 2020 con un cartel que decía “Libertad, no más represión, #Free-Denis”. No pasaron ni tres minutos y el joven, que hoy tiene 29 años, estaba rodeado de policías y militares que lo arrestaron. Fue llevado a prisión, donde un año y tres meses después le han notificado que su condena es de cinco años de cárcel por su gesto. Semanas antes de conocer su pena, escribió una carta desde la prisión de máxima seguridad donde se encuentra. Ahí explica el porqué de aquella decisión: “Quiero que Cuba sea un país para los cubanos, no importa su manera de pensar, para que las calles de mi país sean para todos y no solo para los comunistas, porque sueño vivir en un país con democracia”.

Salir a la calle con un cartel, gritar, decir o escribir lo que se piensa, hacer arte o cualquier otra acción que ponga en jaque al régimen cubano puede costarle la privación de la libertad a quien haga uso de esos derechos humanos individuales en la isla. Es por eso que hoy hay 1,007 presos políticos —33 de ellos menores de edad— en el país. Ciudadanos inocentes que están encarcelados por el hecho de ponérseles de frente al régimen y enfrentarlo. Personas que, además de estar encerradas injustamente, tienen que soportar torturas, según un informe reciente de la organización Prisoners Defenders.

El informe titulado Las torturas, tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes sobre los prisioneros políticos en Cuba es una investigación que compila 101 testimonios de presos políticos —en su mayoría aún en prisión— que han sido torturados en las cárceles. Será analizado en el 73 período de sesiones del Comité contra la tortura de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que iniciará el próximo 19 de abril.

Leer las 143 páginas del informe es impactante. Lo que allí está desmenuzado pareciera que sucediese en un conflicto bélico o en una historia de ficción y no en un país donde supuestamente hace 63 años reina la paz y la armonía. Da la impresión, si omitimos la palabra Cuba, que los torturadores son soldados que han ido a una guerra a pelear sin escrúpulos, dispuestos a lo que sea, y sus víctimas son individuos a los que se les da el peor de los tratos, el del peor enemigo.

Y es que eso son en Cuba para el gobierno aquellas personas que se atreven a señalar sus desmanes: enemigos a los que hay no solo que encerrar en cárceles, sino luego dejarles claro con un trato abusivo, arbitrario y violatorio, que en la isla ese es el precio de oponerse al poder. Ya seas un artista, un activista, un periodista, un opositor político, un médico o sencillamente una persona común que decidió no callarse sus ideas.

El informe deja ver que el régimen cubano tiene sistematizado 15 tipos de torturas contra los prisioneros políticos —que han aumentado notablemente desde las manifestaciones de julio de 2021, pues solo de ese hecho hay 869 presos—: las más escandalosas e inadmisibles son las agresiones físicas, la incomunicación y la tortura psicológica.

Los presos políticos que han ofrecido sus historias para este informe hablan de celdas de castigo con camas de cemento y sin ventilación, plagadas de insectos y humedad; del uso de la temperatura como mecanismo de tortura, de inmovilizaciones con esposas a las manos y los pies a la misma vez por la espalda, de que a las víctimas las cuelgan del techo y los dejan suspendidos en el aire por horas o días, entre otras muchas barbaridades.

Los 101 presos encuestados declararon que luego de las torturas sufridas, intentaron tener atención médica pero les fue negada. 77% de ellos ha sufrido cinco o más tipos de torturas y los seres queridos de 65.91% de ellos han sido amenazados.

De ahí que a las madres de los jóvenes presos tras las protestas de julio de 2021 estén siendo acosadas para que no prosigan pujando por sus hijos. Ya existe un caso: Yudinela Caridad, madre de Rowland Jesús —condenado a 12 años de privación de libertad—, fue encarcelada y la han tenido incomunicada para que no persista en su campaña de denuncia. El delito de Rowland fue ser testigo en las manifestaciones de cómo un grupo de policías golpeaba a unas mujeres a las que intentó defender.

En las próximas semanas, la ONU tendrá en sus manos este importante documento que evidencia el carácter tiránico del régimen cubano. Entonces tendrá dos opciones: seguir siendo cómplice del castrismo y tolerar estas graves denuncias o acabar, por fin, de enjuiciar lo que acontece en Cuba.

Ya sucede que la isla, que es uno de los Estados miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, lleva a cárceles a personas inocentes. Admitir que esas mismas personas sean torturadas en prisión es inaceptable e incomprensible.

Lo menos que debería hacer la ONU, nada más al comprobar la veracidad de este informe, es expulsar a Cuba de manera inmediata de su Consejo de Derechos Humanos para luego comenzar a tratarla como la dictadura que es.


Fuente: Washington post

Categorías:Internacional

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